De vuelta al presente...
Tim estaba de pie en el corazón de la fortaleza Solar, el emblema dorado del sol detrás de él proyectando su cabello blanco con un resplandor radiante.
Su rostro, antes juvenil y despreocupado, se había endurecido con una determinación feroz.
El mismo chico que había sido secuestrado de la Tierra ahora era un guerrero de Soluna, moldeado por interminables días de entrenamiento en combate, lecciones tácticas y el peso de un destino que nunca pidió.
Frente a él estaba Heatsun, su imponente mentor, la encarnación de la fuerza Solar.
Flanqueando a Heatsun estaban Henry y Marie, los mismos que habían salvado a Tim de las garras de Sunburn todos esos años atrás —Henry, un orgulloso hombre Solar de cabello dorado, y Marie, una mujer Lunar de cabello azul oscuro—, ambos con armaduras marcadas por los símbolos entrelazados del sol y la luna de Soluna.
El aire estaba cargado de expectación.
La voz de Heatsun resonó en la gran cámara, firme e inquebrantable.
"Tim... ha llegado el momento."
El corazón de Tim latía con fuerza. Había esperado este momento durante años, y aun así, ahora que estaba aquí, el peso de su papel caía sobre él como nunca antes.
Heatsun dio un paso al frente, su mano posándose sobre un arma —el Sable Solar—, una hoja de pura energía dorada, que se decía había sido forjada desde el corazón mismo de Soluna.
"Ya no eres un estudiante. Ya no eres solo un chico arrancado de su hogar."
Los ojos de Heatsun ardían como dos soles.
"Eres el Guerrero Solar. El salvador de Soluna."
Extendió el Sable Solar. La hoja centelleó, su luz dorada reflejándose en los ojos pálidos de Tim.
Tim extendió lentamente la mano, dejándola suspendida un momento sobre el arma —una vacilación silenciosa.
No temía la batalla; había entrenado demasiado para eso.
Pero el problema era algo más profundo: el miedo a fallarle al pueblo de Soluna, a no estar a la altura del guerrero que esperaban que fuera.
Finalmente, sus dedos se cerraron alrededor de la empuñadura.
Una oleada de energía Solar lo inundó. El sable respondió a su toque, brillando con más intensidad —como si reconociera a su nuevo portador.
La voz de Heatsun fue solemne.
"Este sable es más que un arma. Es un símbolo. Una promesa. Protegerás Soluna con su luz."
Tim apretó con fuerza el Sable.
"Lo entiendo."
Su voz era firme, pero su corazón era una tormenta.
Pero antes de que pudiera decirse otra palabra— un estallido ensordecedor sacudió el planeta.
El cielo sobre Soluna se tiñó de negro y púrpura —señalando la llegada de Dark Void.
De entre las nubes descendieron las naves de guerra de Dark Void —enormes embarcaciones sombrías que zumbaban con energía oscura, sus motores rugiendo como truenos.
Al aterrizar, las compuertas se abrieron y filas de soldados de Dark Void marcharon hacia afuera —guerreros sin rostro cubiertos con armaduras de obsidiana, sus ojos brillantes reflejando la crueldad de su amo.
Los edificios se derrumbaban bajo el asalto, los hogares de Solares y Lunares reducidos a escombros.
Los gritos resonaban por la ciudad mientras los civiles corrían a refugiarse, los niños aferrándose a sus padres mientras las sombras devoraban las calles que antes prosperaban.
Explosiones de energía oscura atravesaban las defensas de Soluna.
La mandíbula de Heatsun se tensó.
"Ha comenzado."
Henry desenvainó su espada Solar.
"Ni siquiera esperó —tal como dijiste, Heatsun."
Marie susurró en voz baja.
"Tim," dijo suavemente, su voz contrastando con el caos exterior, "para esto te entrenaste. Te necesitan."
El corazón de Tim latía con fuerza. Los gritos afuera desgarraban su mente, pero su agarre sobre el Sable Solar se hizo aún más firme.
Heatsun se volvió hacia él, con una mirada feroz.
"Tim, este es el momento para el que nos hemos preparado. Dark Void ha llegado. Eres el Guerrero Solar —la última esperanza de Soluna."
Los ojos de Tim ardieron con determinación.
"No dejaré que Soluna caiga."
Con el Sable Solar brillando en su mano, Tim dio un paso adelante —ya no como un estudiante… sino como un guerrero.
Entre las ruinas en colapso de Soluna, con el humo cubriendo los cielos dorados y los gritos resonando a lo lejos, una figura emergió, su cabello blanco brillando en medio del caos.
Su Sable Solar vibraba con energía, la hoja dorada proyectando una luz intensa que cortaba la oscuridad.
Era Tim, cargando con el peso de ser el Salvador de Soluna.
Los soldados de Dark Void se detuvieron por un momento, sorprendidos por su repentina aparición.
No esperaban a un guerrero solitario interponiéndose entre ellos y la destrucción total de Soluna.
Tim apretó con fuerza el Sable Solar. Su voz, firme aunque aún teñida de una leve incertidumbre, resonó en el campo de batalla:
"¡Soy Tim — el Guerrero Solar! ¡El Salvador de Soluna!"
Sus palabras eran audaces, pero en lo más profundo, la duda lo carcomía.
"¿De verdad puedo proteger este planeta —el único hogar que le queda a los Solares y Lunares— yo solo?
El ejército frente a mí es inmenso, y las naves que flotan arriba parecen titanes inamovibles en el cielo."
La voz de Heatsun resonó detrás de él, firme, inquebrantable.
"Tim, la duda no protegerá Soluna. Lucha. No tienes que ganar solo, pero debes intentarlo."
Tim tragó saliva, su corazón latiendo como un tambor.
"Lo haré."
Entonces, con un destello de luz dorada, Tim alzó el Sable Solar hacia el cielo.
El sable reaccionó al instante.
La energía Solar recorrió su cuerpo —su armadura cambiando, brillando, transformándose.
Su ropa de entrenamiento fue reemplazada por una armadura blanca resplandeciente, su pecho marcado con el símbolo radiante del sol de Soluna.
Ya no era solo Tim.
Era el Guerrero Solar Blanco.
Los soldados cargaron.
Tim no esperó. Se lanzó hacia adelante, su sable cortando el aire oscurecido.
Cada movimiento liberaba un arco dorado de energía, atravesando las armaduras de obsidiana como un cuchillo caliente sobre el hielo.
Corte. Estallido. Golpe.
El entrenamiento bajo Heatsun —los extenuantes 15 años de práctica implacable— volvió a él mientras se movía con velocidad y precisión.
Giraba en el aire, bloqueando ataques de energía y contraatacando con golpes Solares explosivos. Cada vez que la duda intentaba colarse en su mente, recordaba las palabras de Heatsun:
"Intenta. Sigue intentando."
Y así lo hizo.
Se adentró más en las líneas enemigas, su confianza creciendo con cada soldado caído.
La luz dorada de sus ataques iluminó el campo de batalla, y por primera vez desde que comenzó el ataque, los Solares y Lunares escondidos en las sombras empezaron a sentir una chispa de esperanza.
Pero entonces —las naves de guerra.
Tim alzó la mirada. Las enormes naves oscuras flotaban como depredadores —lanzando ráfagas de energía que destrozaban edificios y enviaban ondas de choque por toda la tierra.
"Los soldados son una cosa, pero las naves... ¿cómo se supone que voy a lidiar con ellas?" pensó Tim.
Sus dedos se tensaron sobre la empuñadura del Sable Solar.
La voz de Heatsun tronó a lo lejos.
"¡Tim! ¡El sable es más que una hoja —es un arma de luz! ¡Apunta al cielo y canaliza tu poder como te enseñé! ¡Puedes derribar esas naves!"
La mente de Tim se agitó, pero no había tiempo para dudar. Apretó los dientes, alzó el Sable Solar y lo lanzó a través del aire —enviando un arco de energía dorada en forma de media luna rugiendo hacia arriba.
La explosión impactó directamente contra una de las naves.
¡BOOM!
El casco se resquebrajó y se desmoronó bajo el impacto, cayendo en espiral hasta convertirse en chatarra humeante.
Los ojos de Tim se abrieron —funcionó.
No se detuvo. Impulsado por la adrenalina, se lanzó al aire, usando un poderoso salto potenciado por energía Solar para cerrar la distancia.
Con cada corte en el aire, otra nave caía —explosiones iluminando el cielo nocturno. Sus ataques eran feroces e implacables, su miedo transformándose poco a poco en una determinación inquebrantable.
En menos de una hora, el campo de batalla quedó en silencio.
El último soldado cayó, y la última nave explotó en una llamarada, estrellándose contra las lejanas montañas de Soluna.
Tim aterrizó con gracia, su Sable Solar aún brillando, su respiración pesada pero firme.
Las ruinas a su alrededor humeaban, pero los invasores se habían ido —por ahora.
Y entonces, una risa siniestra resonó en el cielo.
Una enorme proyección púrpura de Dark Void apareció sobre Soluna —una figura fantasmal y colosal envuelta en sombras giratorias.
Sus ojos rojos brillantes se fijaron en Tim, y una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.
"Impresionante," retumbó la voz de Dark Void como un trueno lejano. "Parece que el Guerrero Solar es más entretenido de lo que esperaba."
La mandíbula de Tim se tensó.
"No estoy aquí para tu entretenimiento," respondió, su voz firme a pesar de la furia en su interior. "Esto no es un juego. Haré lo que sea necesario para proteger Soluna."
La sonrisa de Dark Void se ensanchó.
"Oh, pero sí lo es, muchacho." Su voz rebosaba burla. "Y apenas has hecho tu primer movimiento."
Antes de que Tim pudiera responder, la proyección parpadeó y desapareció, dejando tras de sí una sensación persistente de amenaza.
Heatsun se acercó a Tim, su rostro calmado, pero su voz firme.
"Esto es solo el comienzo, Tim. Prepárate, porque habrá desafíos más duros por delante."
Tim apretó con más fuerza su Sable Solar, el resplandor reflejándose en sus ojos decididos.
"Entonces estaré listo para lo que venga."
Y mientras el humo se disipaba lentamente de los cielos de Soluna, el Guerrero Solar permanecía erguido, decidido, contemplando el cielo despejado del planeta.