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Capitulo 48: La Implacable Ira del Fuego Infernal

El cielo sobre Soluna se oscureció mucho antes de que Hellfire apareciera. Un humo espeso y sofocante inundaba el aire mientras la temperatura seguía subiendo; las calles se agrietaban por el calor y los ríos se evaporaban en vapor. Las llamas estallaron en las afueras de la capital, quemando la tierra mientras Hellfire descendía como un meteorito, una llama viviente. Su piel fundida burbujeaba y siseaba, y con cada paso el mundo bajo él se ennegrecía y se derretía, como si la realidad misma se rindiera ante su presencia. "¡SOLUNA!" rugió, su voz resonando como la erupción de un volcán. "Soy HELLFIRE… vuestro peor destino hecho carne." Los civiles gritaban y huían; aquella multitud que días atrás había aclamado a Rei ahora se dispersaba entre el terror y la desesperación. Henry y Marie reunieron a los soldados solunares, intentando contener el infierno que se expandía, pero las llamas no obedecían a nadie. Fue entonces cuando… Rei emergió del humo, sus hachas lunares brillando con un aura azul tenue, casi serena, en contraste con el caos abrasador. Su cabello negro se pegaba a su rostro empapado en sudor, y sus ojos carmesí se clavaron en Hellfire sin titubeo. Se transformó en la Guerrera Lunar de inmediato y cargó contra él, lanzando sus hachas con la intención de ejecutar el Búmeran Lunar. "No permitiré que destruyas mi hogar," dijo Rei, con una voz fría, firme… casi vacía de emoción. La boca fundida de Hellfire se curvó en una sonrisa cruel. "Bien." Sus puños ardieron con más intensidad. "Entonces terminemos esto de inmediato… tengo prisa." Las hachas ni siquiera llegaron a tocarlo. El calor las desvió antes de que pudieran acercarse. Su cuerpo comenzó a cambiar, distorsionándose en una forma más oscura… hasta que explotó, borrando edificios enteros a su alrededor y lanzando a la Guerrera Lunar por los aires junto con sus armas. Y entonces… su forma volvió a transformarse. Las llamas se retorcieron y mutaron en algo mucho peor: su piel se desprendió como una costra ardiente, revelando lo que realmente habitaba debajo. Su verdadera forma: Un demonio maldito por el fuego. Sus cuernos crecieron, brillando como metal derretido. Sus ojos ardían como dos soles condenados. Sus alas de fuego se desplegaron, cubriendo el campo de batalla con una luz roja infernal. Al observar la ciudad, Hellfire ya no veía nada más que destrucción. No había rastro de Rei. No había rastro de vida. Aburrido… siguió avanzando, aplastando la ciudad como si fuera un cataclismo ambulante. Su cuerpo irradiaba olas de calor insoportable. Los edificios se derretían en su base y colapsaban al instante. Las calles se abrían. El vidrio estallaba en polvo. Dejaba tras de sí un rastro de fuego maldito, como si el mundo estuviera siendo tachado de la existencia. "¡SOLUNA!" rugió mientras caminaba como una erupción viva. "Nací del fuego… no soy un hombre de llamas… SOY LAS LLAMAS. ¿No hay nadie aquí que quiera arder conmigo? ¿NADIE QUE PUEDA ENTRETENERME?" El pánico se extendió por toda la población solar y lunar mientras él se acercaba lentamente a otra ciudad vecina aún llena de inocentes. Todos comenzaron a huir en todas direcciones. Los soldados solunares, liderados por Henry y Marie, lograban moverse entre la destrucción y seguían su rastro. Se apresuraron a proteger a los civiles. Coordinaban barreras y contención, intentando desesperadamente salvar lo que aún quedaba de humanidad. Era su deber… sobrevivir y proteger tantas vidas como pudieran. Pero el fuego no cedía. Se movía como si tuviera voluntad propia. Como si obedeciera únicamente a Hellfire. Una enorme explosión de fuego atravesó el distrito central. Un joven solar sostenía a su esposa, una mujer lunar, atrapada en la explosión. Su cuerpo no se movía. Sus ojos seguían abiertos… pero ya no había vida en ellos. "No… Lily… no…" sollozó él, abrazándola con fuerza. "Prometimos criarlos… juntos…" Hellfire observó la escena. "Qué sentimentalismo… molesto." Con un simple gesto de su dedo ardiente. El hombre gritó mientras el fuego lo consumía vivo. Los gritos de cuatro niños —un niño solar, una niña lunar, una niña solar y un niño lunar— atravesaron el caos mientras corrían hacia los restos de sus padres. "¡Mamá! ¡Papá!" No tuvieron tiempo de comprenderlo. Hellfire se giró hacia ellos. "La paz… reside en el silencio." Una ola de fuego se alzó y los borró antes de que dieran un solo paso más. Los gritos se extendieron por toda la ciudad mientras el fuego devoraba edificios, templos, hogares… todo. Miles desaparecían en instantes. Calles enteras colapsaban bajo el peso del calor. El mundo parecía estar siendo desmantelado en vida. Desde las cenizas, Rei emergió finalmente, algo debilitada por el impacto recibido. Su cabello negro se pegaba a sus mejillas quemadas. Sus ojos brillaban con una determinación silenciosa y feroz. Sus hachas lunares relucían con luz azul pálida, atravesando el humo como un suspiro frío. Se transformó de nuevo sin dudar. Y se interpuso entre otro grupo de civiles aterrados y la criatura de fuego que arrasaba todo a su paso. Dentro de ella… la rabia ardía. "No más. Esto termina aquí." Hellfire sonrió con diversión. "Perfecto… llegas justo para el final. Al menos tú… me entretendrás." Y la batalla comenzó. El choque fue brutal. Cada golpe de Rei era respondido con fuego, impacto y destrucción. Sus ilusiones de Miraje Lunar no podían seguir el ritmo del caos. El mundo entero —una capital orgullosa— ahora parecía un infierno abierto. Los civiles huían, pero muchos eran devorados por el colapso de edificios o las olas de calor. Algunos pedían ayuda. Otros rezaban a Rei mientras luchaba. Otros simplemente se abrazaban esperando el final. Un anciano solar se alzó en medio de un patio en llamas, levantando las manos hacia el cielo. "Señores solunares… por favor… por favor… protejan a nuestra nueva salvadora… ¡protejan a la guerrera negra!" Su oración fue repetida. Se convirtió en un coro. "¡Guerrera Lunar! ¡Guerrera Lunar! ¡Protégennos!" El aire se llenó como un himno desesperado. Rei estaba siendo aplastada. Hellfire, en su forma demoníaca completa, era imparable. Sus cadenas atraparon a Rei y la arrastraron entre escombros ardientes. Su piel se quemaba. Su grito se perdió entre el fuego. La estrelló contra un cráter. Sangre brotó de sus labios incluso en su forma transformada. Su escudo lunar se rompió antes de poder completarse. Su visión se fragmentó. Cayó de rodillas, arrastrándose. "No… he terminado…" Desde lo alto, Mighty Fighter observaba en silencio desde una azotea derrumbada. La veía luchar. La veía arrastrarse. Y algo en ella —esa negativa absoluta a rendirse— hizo que sus ojos se estrecharan. "Parece que está al límite… pero si no puede con él… entonces no es la Guerrera Lunar que logró un empate contra el Guerrero Solar," murmuró. No intervino. Sus manos, sin embargo, temblaban sin control. No sonrió. Solo observó. Rei levantó la mirada… y vio a un niño escondido entre escombros, mirándola con los ojos abiertos, llenos de miedo. Esa mirada. Esa esperanza frágil. Rei apretó los dientes y se levantó. "No dejaré que siga llevándose más." Con el cuerpo destrozado y el alma colgando de un hilo… alzò sus hachas una vez más. El aura lunar la envolvió. No era brillante. Era estable. Como una luna que se niega a desaparecer incluso bajo la tormenta más cruel. Hellfire desató su Tormenta Infernal. Rei respondió con GOLPES FANTASMA LUNARES, guiada por cada grito, cada plegaria, cada vida que aún seguía allí. Golpe tras golpe. Corte tras corte. Fuego, oscuridad, dolor… todo era atravesado por su voluntad. Los gritos de la gente crecieron. "¡Puedes hacerlo!" "¡Eres nuestra última esperanza!" "¡No te rindas!" Hellfire sonrió. "¿Cuánto puedes resistir?" Pero Rei no se detuvo. Siguió avanzando. Aquello… era nuevo para ella. No era desprecio. No era odio. Era luz. Una energía que la atravesaba como si el sol mismo estuviera sosteniendo la luna. Y entonces… algo dentro de ella cambió. Su poder creció. Hellfire empezó a notarlo. No se debilitaba. Se fortalecía. "¿CÓMO… CÓMO NO ARDES COMO LOS DEMÁS?" Rei no respondió. Siguió atacando. La multitud gritaba aún más fuerte. "¡Eres nuestra última esperanza!" "¡No te rindas!" El poder de sus voces se convirtió en algo insoportable. Una fe desesperada. Una devoción nacida del borde de la muerte. Y eso… la hizo más fuerte que nunca. Hellfire dudó. Y ese instante fue suficiente. Cinco golpes más. Impactos directos. "¡AAAAHHH!" rugió Hellfire mientras su cuerpo era destrozado por el avance imparable de Rei. El cielo pareció quebrarse cuando su núcleo comenzó a colapsar. La Guerrera Lunar no se detuvo hasta el final. Un último corte. Silencio. El demonio ardiente se desmoronó en cenizas luminosas. El silencio cayó. El humo se dispersó. Y entonces… estalló el llanto. Y los gritos de alivio. Rei cayó de rodillas. Su cuerpo ya no respondía. Henry y Marie llegaron de inmediato con equipo médico. La multitud rodeó la escena, con rostros llenos de terror y alivio. "¡La Guerrera Lunar lo hizo!" "¡Ha salvado la ciudad!" "¡Es nuestra salvadora!" Rei lo escuchaba todo mientras era atendida. Henry notó una leve curva en sus labios. "Al final… has probado lo que es ser vista como salvadora," murmuró. Marie rió suavemente. "Y te recuperarás en un día… si no fuera por tu resistencia, tardarías semanas." Henry añadió: "Y por tus propios poderes lunares." Rei habló apenas, con voz apagada: "Fue… un buen entrenamiento. Me adapté a sus niveles. No tendré problemas con los otros comandantes. Solo necesito práctica." Henry se quedó helado. "Me equivoqué… no es como Tim. Es lo contrario… y llama a esto entrenamiento…" Marie le dio un pequeño golpe en el hombro. "Si esa es su forma de ser… no podemos detenerla." La multitud prometió quedarse a su lado durante su recuperación. El horror había terminado… pero a un precio imposible de ignorar. Desde el tejado… Mighty Fighter asintió lentamente. "Vaya… me equivoqué contigo, Rei." Su voz sonó más baja… más pesada. Y desapareció en la oscuridad.