🏠 Hogar

Capitulo 3: El Chico que No Sabía que Estaba Solo

Star ahora estaba solo en la habitación tenue, rodeado por los amigos hipnotizados de Aliana. Sus miradas vacías se perdían en la nada mientras Star hacía lo de siempre: les hablaba. No como un líder arengando a sus tropas. No como un amigo compartiendo una risa. Sino como alguien que recita un guion—una historia que había contado una y otra vez, como si esperara que algún día las palabras significaran algo. "Ahora son mis amigos," dijo Star. Las palabras quedaron suspendidas, sin peso, como polvo en el aire viciado. "Los encontré porque… tenía que hacerlo." No los miró mientras hablaba. En realidad, ni siquiera les estaba hablando a ellos. Obviamente, no hubo respuesta. Ni siquiera la esperaba. Se quedó rígido, su capa negra moviéndose apenas con cada respiración. Su rostro permanecía vacío de emoción—no por elección, sino porque era todo lo que conocía. "Mi maestro dice que la única forma de tener amigos es con magia… porque a la gente no le agrado cuando les hablo." El corazón de Aliana se encogió. "Cuando intento hablar sin magia, se alejan… Piensan que soy raro." No sonaba enojado. Tampoco sonaba triste. Solo sonaba… vacío. "El maestro dice que es porque el mundo está lleno de monstruos durante el día… y que yo también soy uno." Aliana tembló, casi perdiendo el equilibrio al oír eso. "Por eso solo salgo de noche. Es cuando puedo encontrar amigos." Star dirigió la mirada hacia los seis vasos de fideos instantáneos sobre la mesa. "Cuando traigo amigos, el maestro me da comida. Si no traigo amigos, no como." No había amargura en su voz, solo una aceptación apagada, como si nunca hubiera cuestionado esa vida. "Si hay más de diez amigos, el maestro los libera. Dice que tienen suerte." El estómago de Aliana se retorció. "No sé a dónde los lleva. Pero dice que van a un lugar mejor." Silencio. Star permaneció allí por un largo momento, mirando a sus "amigos" inmóviles. "A todos les gustará estar aquí… Tienen que hacerlo." Las personas hipnotizadas no parpadearon. No se movieron. Y Star simplemente se quedó ahí, solo otra vez—rodeado de gente, pero más solo que nunca. Aliana, aún temblando junto a la ventana, sintió una oleada de emociones caer sobre ella—miedo, confusión, pero sobre todo… Lástima. Star no solo era peligroso—también era una víctima. No entendía la amistad. No entendía la libertad. Solo conocía la obediencia, la supervivencia y la manipulación—porque eso era todo lo que su maestro le había enseñado. Su corazón se rompió un poco al darse cuenta de algo… Ni siquiera sabía que él mismo estaba siendo manipulado. Los dedos de Aliana temblaban sobre el frío alféizar mientras observaba a Star—el chico de piel oscura y ojos sin vida. Sus palabras resonaban en su mente, más inquietantes que el silencio que los rodeaba. "No sé a dónde los lleva el maestro. Pero dice que van a un lugar mejor." Su corazón latía con fuerza. No lo sabe. Star realmente creía en las mentiras de su maestro. Pensaba que "liberar a sus amigos" era un acto de bondad—sin darse cuenta de que cada persona que capturaba caminaba hacia un destino mucho peor que el hechizo bajo el que estaban. Y esos fideos instantáneos—su recompensa. ¿De verdad eso era todo por lo que vivía? ¿Toda su vida reducida a un simple intercambio—capturar personas por comida? La mirada de Aliana se desvió hacia la mesa donde estaban los seis vasos de fideos. Algo tan común, pero retorcido por la oscura realidad en la que vivía Star, le revolvía el estómago. La habitación permanecía en silencio, salvo por la respiración constante de Star. Aún estaba de pie frente a los amigos hipnotizados de Aliana, mirándolos como si esperara una respuesta que sabía que nunca llegaría. Finalmente, su voz rompió el silencio otra vez. "Mañana por la noche… encontraré más amigos." No era una elección—era una declaración. Un ciclo interminable. Aliana se mordió el labio con tanta fuerza que saboreó la sangre. Tengo que hacer algo. ¿Pero qué? Sus amigos estaban bajo algún tipo de hechizo. No sabía cómo romperlo. ¿Y el Maestro…? ¿Y si regresaba? No estaba segura de cuán poderoso era realmente ese hombre encapuchado, pero el maestro—el aura oscura a su alrededor, la forma en que desapareció en el bosque con sus amigos—era un tipo de peligro completamente distinto. Y entonces… Star caminó lentamente hacia los fideos instantáneos y tomó uno. Por un momento, simplemente lo miró. El más leve destello de algo—¿arrepentimiento? ¿anhelo?—cruzó su rostro. Desapareció tan rápido como apareció, pero Aliana lo vio. Se volvió hacia la multitud silenciosa de sus "amigos" y levantó uno de los vasos, girándolo en sus manos como si ya no estuviera seguro de lo que era. "El maestro dice que así es como vivo," murmuró, colocándolo cuidadosamente frente a un chico como si fuera una ofrenda sagrada. "Así que… así vivirán ustedes también." No era solo que Star no supiera cómo ser un amigo—realmente creía que los amigos eran tan vacíos y obedientes como él mismo. La garganta de Aliana se cerró alrededor de un aliento que no había notado que contenía. Salvar a sus amigos era la razón por la que había venido. Pero ahora… ya no estaba segura de quién necesitaba ser salvado más.