Tras un largo silencio, Aliana finalmente se inclinó hacia atrás, su mano aún conectada con la de él por la cadena que los unía.
"Star," dijo suavemente, "¿y si… reemplazamos a tus amigos antes de que tu maestro regrese?"
Star la miró sin rastro de emoción.
"¿Reemplazarlos?"
Aliana asintió. "Dijiste que tu maestro no recuerda sus rostros, ¿verdad?"
Él inclinó ligeramente la cabeza. "Al Maestro no le importan los rostros. Solo… los cuenta."
El corazón de Aliana latía con fuerza.
"Entonces, si encontramos nueve nuevos… ‘amigos’… ¿no lo notará?"
Star no respondió de inmediato. Su mirada vacía se desvió hacia un rincón oscuro de la habitación, como si buscara una respuesta, y luego volvió a Aliana.
"Si el número es correcto… el Maestro no se enfadará."
Una pequeña llama de esperanza se encendió en el pecho de Aliana—pero parpadeaba peligrosamente.
"Está bien," dijo lentamente, eligiendo sus palabras con cuidado. "Entonces lo único que tenemos que hacer… es encontrar nueve reemplazos."
Los labios de Star se entreabrieron.
"No como… compañeros."
Aliana se tensó.
"Sino como… exhibiciones para el Maestro."
Su estómago se revolvió.
Para Star, las personas no eran personas—eran objetos en el juego de su maestro.
Pero había algo más que la inquietaba.
Star no solo temía el castigo.
Temía algo mucho peor.
La soledad.
Si no reemplazaba a esos “amigos”, no solo enfrentaría la ira de su maestro—estaría solo durante dos días enteros.
Y ese miedo superaba todo lo demás.
El silencio entre ellos se volvió más pesado.
Finalmente, Aliana exhaló.
"Vamos a encontrar una solución," dijo, sujetando con firmeza la cadena entre ellos. "Lo prometo."
Star no se movió.
Pero esta vez—su mano libre se cerró lentamente en un puño dudoso… y descansó suavemente sobre su rodilla.
No era un gesto de acercamiento—
pero tampoco era una retirada.
Seguían encadenados—física y emocionalmente.
Pero por primera vez, Aliana pudo sentir un leve tirón de esperanza.
¿Realmente podrían encontrar una salida antes de que el Maestro regresara?
¿Llegaría Star a entender la diferencia entre compañía y cautiverio?
No había un camino claro.
La noche estaba tan silenciosa como siempre—una quietud inquietante flotaba en el aire, rota solo por el leve sonido de metal chocando mientras las esposas mantenían a Star y Aliana unidos.
Star yacía rígido en el frío suelo de madera, de espaldas a Aliana, con la capucha aún cubriéndole el rostro. La tenue luz de la luna apenas iluminaba la habitación, proyectando sombras largas y torcidas sobre las paredes.
Aliana, incapaz de alejarse, se acostó torpemente a su lado, su mano libre descansando entre ellos, la cadena estirada lo suficiente para darles espacio—pero no libertad.
En algún momento, se quedó dormida.
Pero el silencio no duró.
Un gemido bajo y quebrado escapó de los labios de Star.
Al principio fue suave—como un eco lejano—pero luego creció, más angustiado.
Su cuerpo se estremeció, sus puños se cerraron, y su rostro—normalmente una máscara vacía—se retorció en una rara expresión de miedo.
Estaba teniendo una pesadilla.
Los ojos de Aliana se abrieron de golpe.
La habitación seguía igual—oscura, silenciosa, fría—pero Star estaba lejos de estar en calma.
"No… yo no… no puedo encontrar… a los amigos… Maestro, por favor…" su voz era un susurro roto, lleno de desesperación.
El corazón de Aliana se hundió.
"Ella… me traicionó… estoy solo… Maestro—por favor—para—"
La palabra traición la atravesó como un cuchillo.
Su cuerpo temblaba—su respiración se aceleraba—la pesadilla empeoraba.
Sin pensar—sin dudar—Aliana se movió.
Se giró hacia él y lo abrazó, atrayéndolo hacia sí en un abrazo fuerte y desesperado.
El calor repentino rompió la pesadilla.
"Star, despierta—está bien," susurró, con la voz temblorosa.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Por un instante, todo su cuerpo se quedó inmóvil—no por miedo, sino por la sensación de alguien abrazándolo.
Su respiración era irregular—su mirada saltaba entre Aliana y el suelo.
El sueño aún lo perseguía—pero el abrazo era demasiado real.
Ella no lo soltó.
La cadena tintineó suavemente mientras lo sostenía aún más fuerte.
"No me voy a ningún lado," susurró. "Además, lo prometí—no te vas a librar de mí tan fácilmente."
Star parpadeó—una vez, dos—incapaz de comprender por qué alguien con emociones, alguien que no era su maestro, seguía ahí—seguía abrazándolo.
No la apartó.
No entendía por qué.
La voz de Aliana se quebró, pero continuó:
"Nos esposé juntos, ¿recuerdas?" levantó ligeramente la muñeca, haciendo sonar la cadena. "No tienes que tener miedo—estoy aquí."
Star miró fijamente las esposas, luego a ella.
La pesadilla aún resonaba en su mente—el miedo a fallar, a ser traicionado, a morir solo—pero esos pensamientos comenzaron a desdibujarse.
Porque Aliana seguía ahí.
Tras un largo silencio, Aliana habló de nuevo, más suave, pero cargada de emoción:
"Mañana…" tragó saliva, "encontraremos los nueve nuevos amigos que tu maestro quiere. Pero no serán como los de antes."
El ceño de Star se frunció ligeramente.
"¿Qué quieres decir?"
Aliana sonrió débilmente, lágrimas cayendo por sus mejillas.
"No serán marionetas sin mente. Serán personas reales, con emociones reales."
Incluso con el miedo devorándola, incluso sabiendo que podría no sobrevivir, añadió:
"Y… los encontraremos juntos."
La palabra juntos sonaba extraña para Star—como algo de un idioma que no entendía.
Su maestro nunca usaba esa palabra.
Siempre era obedece. Sigue. Sométete.
Nunca juntos.
Los labios de Star se entreabrieron, pero no encontró palabras.
Aliana continuó, con voz temblorosa pero firme:
"Incluso si no encontramos nueve… seguiré aquí."
Star parpadeó otra vez.
"Si tu maestro te castiga… intentaré protegerte."
Sus ojos se abrieron ligeramente—solo por un instante.
"Y si se pone peor… si tu maestro decide matarte…" su voz se quebró, más lágrimas cayendo, "entonces moriré contigo."
El corazón de Star hizo algo extraño—
se sacudió—
como si algo rompiera el vacío que siempre había sentido.
No sabía cómo llamarlo.
Ese calor en su pecho.
Ese dolor que no era miedo.
Era diferente.
Nuevo.
Esperanzador.
Finalmente habló, más bajo que antes:
"¿Por qué?"
Aliana parpadeó.
"¿Por qué… te importo tanto?"
Su respiración se estabilizó—aunque las lágrimas no cesaron.
Se limpió el rostro con la mano libre y susurró:
"Porque… odio ver a alguien tan solo."
La expresión de Star no cambió—
pero su corazón se retorció otra vez.
"Odio ver a alguien… viviendo una vida tan vacía, tan fría… tan sin emociones."
Las palabras resonaron en su mente—como un eco lejano de algo que ni siquiera sabía que le faltaba.
Sin emociones.
Eso era él, ¿no?
Pero esa noche…
ya no se sentía tan vacío.
Y no sabía por qué.
Aliana aflojó el abrazo lentamente—solo un poco—y miró a Star a los ojos.
"No voy a dejar que pases por esto solo…" susurró. "Lo prometo…"
Las esposas entre ellos brillaron débilmente bajo la luz de la luna—un vínculo inquebrantable, literal y simbólico.
Star no dijo nada.
Pero por primera vez—
había un frágil destello de humanidad en su mirada vacía.
Y Aliana se aferró a ese destello—
por tenue que fuera—
con todo su corazón.
La verdadera batalla no era contra el Maestro.
Era contra las cadenas dentro del corazón de Star.