Al día siguiente…
Los rayos del sol de la mañana se filtraban por las grietas de la vieja y siniestra casa. Partículas de polvo danzaban en el cálido resplandor.
Aliana, aún esposada a él, estiró los brazos y sonrió hacia la puerta.
"Bien, Star," dijo con suavidad pero con firmeza. "Hoy saldremos a buscarte amigos de verdad. Personas que estén a tu lado, no como seguidores sin mente, sino como verdaderos compañeros."
Star se estremeció ante la idea.
Su rostro permanecía casi inexpresivo, pero el leve temblor en su voz delataba su miedo.
"Yo… no puedo salir durante el día," susurró, con la mirada inquieta recorriendo la habitación. "Los monstruos salen durante el día. El Maestro lo dijo."
Aliana parpadeó y dejó escapar una pequeña risa—no burlona, sino cálida.
"¿Monstruos?" soltó con una sonrisa. "No hay monstruos ahí fuera, Star. Te engañaron."
Star, temblando, presionó su mano libre contra su pecho—justo sobre la cicatriz que su maestro le había dejado hacía mucho tiempo.
"Pero el Maestro nunca miente," murmuró. "Dijo que el día está lleno de criaturas terribles… me dijo que nunca saliera de esta casa con la luz."
Aliana suavizó su voz, colocando una mano en su hombro.
"Mintió, Star," dijo con delicadeza. "Has estado encerrado en su sombra durante tanto tiempo… pero ahora es momento de salir de ella."
Los ojos de Star se desviaron hacia la puerta.
Podía sentir la luz del día esperándolo al otro lado—como una amenaza invisible.
Su muñeca esposada se estremeció.
Aliana le sonrió con tranquilidad.
"Si hay algún monstruo," añadió con una sonrisa juguetona, "yo te protegeré."
El rostro de Star no cambió, pero su voz tembló.
"¿Tú… lo harías?"
"Estoy esposada contigo, ¿recuerdas?" Aliana levantó la muñeca, haciendo sonar la cadena. "No me voy a ir a ningún lado. Si un monstruo quiere hacerte daño, tendrá que pasar por mí primero."
Star no supo qué decir.
El miedo a lo desconocido luchaba contra una chispa de confianza que empezaba a crecer en su interior.
Tras un largo momento, sus labios se abrieron en un débil susurro:
"...Está bien."
La puerta se abrió con un crujido.
Star, aún aferrándose a la cadena, se escondió detrás de Aliana—su capucha oscura cubriéndole el rostro.
Asomó la cabeza por encima de su hombro como un niño asustado.
El día era… extraño.
El mundo no era tan diferente como esperaba—parecía la noche, solo que más claro.
Los árboles, los caminos de tierra, el pueblo a lo lejos—todo era igual a como lo recordaba, pero ahora bañado en luz.
El miedo de Star comenzó a transformarse lentamente en curiosidad.
Sus ojos negros se movían por todas partes, absorbiendo detalles que nunca había visto en la oscuridad.
Los colores eran más vivos—los árboles ya no eran sombras, sino hojas verdes brillantes. El cielo era una vasta extensión azul.
Pero entonces—
Una esfera amarilla brillante en el cielo.
La mirada de Star se fijó en ella.
En un segundo, su visión se nubló y ardió—retrocedió, agarrando el brazo de Aliana en pánico.
"¡Aliana—!" jadeó, "¡a-ayuda… un… monstruo me cegó!"
Aliana se giró alarmada—y enseguida entendió.
El sol.
Se contuvo de reír y bajó suavemente la cabeza de Star para que dejara de mirarlo directamente.
"Eso no es un monstruo," dijo con calma. "Es el sol."
"¿S-sol?" Star parpadeó rápidamente, recuperando poco a poco la visión.
"Sí. Ilumina el mundo para que podamos ver durante el día. Pero…" añadió con una sonrisa, "no le gusta que lo miren fijamente por mucho tiempo. Así que… mejor no lo hagas."
Star parpadeó varias veces más, mientras el dolor desaparecía.
"Entonces… ¿no es un monstruo?"
"No."
Soltó un pequeño suspiro tembloroso de alivio.
"Oh…"
Por un momento, se quedó quieto—con los ojos abiertos, la mente acelerada.
"Entonces… ¿esto era de lo que el Maestro me advirtió?" pensó.
Con Aliana guiándolo, avanzaron lentamente por el camino hacia el pueblo.
Cuanto más caminaban, más nervioso se volvía Star.
Sus manos temblaban otra vez—su cuerpo encorvado, intentando esconderse detrás de Aliana como si ella fuera un escudo.
Entonces—
llegaron al borde del pueblo.
Y el miedo de Star fue reemplazado por asombro.
El pueblo estaba vivo.
Había gente por todas partes—hablando, riendo, moviéndose—niños corriendo con juguetes, comerciantes llamando desde sus puestos, grupos de amigos conversando en cada esquina.
Los colores, el ruido, la pura energía—era abrumador.
Star nunca había visto algo así.
Por la noche, el pueblo estaba vacío—como una cáscara sin vida.
Pero ahora…
respiraba.
"Hay… tantas personas," susurró Star, con la voz temblorosa.
Aliana le sonrió con calidez, manteniéndolo cerca.
"Así es el día," dijo suavemente. "No está lleno de monstruos… está lleno de vida."