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Capitulo 9: Emociones

Star simplemente se quedó allí—su mente luchando por comprender el mundo de luz que le habían prohibido ver toda su vida. Tenía miedo—sí. Pero en algún lugar, enterrado bajo ese miedo— —había un destello de algo más. Asombro. Las piernas de Star se sentían como piedra mientras permanecía en el borde del bullicioso pueblo. Su capa con capucha apenas lograba protegerlo de la abrumadora vida que lo rodeaba. Niños reían y corrían a su lado, los comerciantes gritaban precios, y los amigos conversaban—algunos discutiendo, otros riendo. El aire olía a pan recién hecho, especias y algo dulce que Aliana llamaba "dulces". Era demasiado. La mano libre de Star se aferró con fuerza a la cadena de las esposas, sus nudillos volviéndose pálidos contra su piel oscura. Su otra mano, aún unida a la de Aliana, temblaba levemente. "Aliana..." susurró, su voz casi perdida entre el ruido de la multitud. "Hay... demasiados." Aliana apretó suavemente su muñeca—anclándolo. "Está bien," dijo con dulzura. "Nadie va a hacerte daño. Son solo personas." La mirada de Star saltaba de rostro en rostro. No veía monstruos. Pero tampoco veía amigos. Solo emociones. Demasiadas emociones. Sonrisas. Fruncimientos. Enfados. Risas. No las entendía—era caótico, impredecible. "¿Cómo... lo sabes?" murmuró Star, con voz vacía. "El Maestro dijo que nunca confiara en personas con emociones. Mienten. Traicionan." Aliana tiró suavemente de la cadena entre ellos, acercándolo un poco más. "No todos mienten, Star," dijo con suavidad. "Y no todos traicionan." Star no respondió—su rostro volvió a quedar inexpresivo—pero su respiración era superficial. Tenía miedo. Pero entonces— Una niña pequeña, probablemente de no más de cinco años, lo notó. Tenía el cabello castaño rizado en dos coletas, un vestido rojo brillante y una piruleta en la mano. Inclinó la cabeza, mirando la capucha oscura de Star y la esposa que lo unía a Aliana. "¿Eres un prisionero?" preguntó, señalando la cadena. Star parpadeó—sin saber qué decir. Abrió la boca pero… no salió nada. Nunca había hablado con nadie que no fuera su maestro o sus “amigos” bajo su hechizo. No sabía cómo hablar con alguien… normal. Aliana soltó una pequeña risa y se agachó a la altura de la niña. "No, estamos jugando a un juego," dijo con una sonrisa amable. "Estamos atados para no perdernos." La niña se rió. "¡Qué juego tan divertido!" Agitó su piruleta frente a Star. "¿Quieres probar?" Star se quedó inmóvil. La niña… ¿le estaba ofreciendo algo? Sin hechizo. Sin orden. Solo… ofreciendo. "Yo..." su voz se quebró. "No... entiendo." Aliana sonrió con suavidad. "Está siendo amable, Star." La niña inclinó la cabeza otra vez. "Hablas raro." Aliana rió, revolviéndole el cabello. "Es solo tímido," dijo. La niña sonrió y corrió de vuelta con su madre. Star estaba atónito. "La amabilidad es… confusa. ¿Por qué dar algo sin recibir nada?" volvió a preguntarse. "Ella… no intentó hacerme daño," murmuró. "Claro que no," respondió Aliana suavemente. "Eso es lo que intento mostrarte, Star. No todos son como tu maestro." La mente de Star giraba sin parar. Era demasiado para procesar—pero no había tiempo. Tenían una misión. "Necesitamos... encontrar 9 amigos," dijo Star, con voz baja pero firme. "Antes de que el Maestro regrese." Aliana asintió. "Sí—pero vamos a encontrar amigos reales," le recordó. "Personas que elijan estar a tu lado. Sin magia. Sin control mental." Star no respondió— pero en sus ojos apareció un leve destello de esperanza.