La búsqueda comenzó.
Pero no fue fácil.
Aliana se acercó a varias personas—tenderos, viajeros e incluso algunos adolescentes curiosos.
Intentó explicar su “juego”—diciendo que necesitaban reunir un grupo de amigos para un evento sorpresa.
Pero la mayoría simplemente… los ignoraba.
Algunos pensaban que eran raros.
Otros se reían de las esposas y se marchaban.
Star solo se quedó allí—observándolo todo—mientras su antiguo miedo al rechazo y a la traición volvía a apoderarse de su mente.
Con cada rechazo, su corazón se hundía más.
"Ellos… no quieren ser mis amigos," murmuró después de que un grupo de chicos se burlara y se fuera. "El Maestro tenía razón. A las personas con emociones no les importo."
Aliana volvió a sujetar su muñeca esposada, obligándolo a mirarla.
Sus ojos eran firmes.
"No, Star," dijo con determinación. "Estaba equivocado."
Star parpadeó.
"Pero—"
"No todos son amables—pero tampoco todos son crueles," lo interrumpió Aliana. "Encontraremos personas que quieran ser tus amigos. Te lo prometo."**
Los labios de Star se entreabrieron—pero no salió ninguna palabra.
El dolor del rechazo seguía ahí—pero las palabras de Aliana eran como un hilo frágil que lo alejaba del abismo.
A medida que el sol comenzaba a descender en el cielo, proyectando largas sombras sobre el pueblo, Star habló de repente.
"Aliana..." susurró. "Solo nos queda esta noche y mañana por la noche."
El miedo al regreso de su maestro seguía atormentándolo.
La marca de maldición en su cuello ardía con solo pensarlo.
Aliana asintió con seriedad.
"Lo sé."
Tocó suavemente las esposas entre ellos.
"Pero no nos vamos a rendir."
Los ojos negros de Star se encontraron con los suyos—su miedo chocando contra la chispa de confianza que ella estaba encendiendo poco a poco.
Por primera vez en su vida… no estaba solo.
Aunque el pueblo no lo aceptara—
—Aliana sí.
Y eso era algo que su maestro nunca podría arrebatarle.
El sol descendió aún más, pintando el cielo con tonos anaranjados y púrpura.
Aún no tenían amigos, pero el agarre de Aliana sobre la muñeca esposada de Star no vacilaba.
Y por primera vez—Star no quería apartarse.
Las luces del pueblo comenzaron a encenderse cuando el sol desapareció tras el horizonte. Las farolas iluminaron las calles empedradas, proyectando un suave resplandor sobre la multitud activa.
Aunque el día terminaba, el pueblo seguía vivo—parejas caminaban de la mano, los comerciantes recogían sus puestos y los niños corrían por las calles.
Star estaba en medio de todo, con la capucha aún puesta y la mano aún unida a la de Aliana.
La noche le resultaba más segura—familiar.
Pero esa noche se sentía diferente.
No estaba solo.
"Tenemos que darnos prisa," murmuró Star, con inquietud en la voz. "Si no encontramos 9 amigos para mañana por la noche..."
No terminó la frase.
No hacía falta.
Aliana sabía lo que significaba—la furia del maestro, la magia mortal de la marca.
Aliana apretó la cadena.
"Los encontraremos, Star," dijo con firmeza. "No amigos falsos—amigos de verdad."
Los ojos oscuros de Star se posaron en ella.
Amigos de verdad.
Aún no sabía lo que eso significaba.